Si alguien te dice que no quiere seguir, que se quiere morir o que se ha hecho daño, tómalo en serio la primera vez. No hace falta que suene a película ni que traiga un plan escrito. Las bromas, los “es para llamar la atención” y los mensajes a las tres de la mañana también cuentan. Esta guía ordena qué puedes hacer en las próximas horas. No te convierte en terapeuta de esa persona y no reemplaza a una urgencia cuando el riesgo es inminente.
Si el peligro es ahora
Hay riesgo inmediato si la persona tiene un plan, tiene a mano un medio para hacerse daño, dice que lo va a hacer hoy, está muy intoxicada o confundida, o ya se hirió. En ese caso no te quedes solo con una conversación.
- En Chile, llama al 131 si necesita una urgencia de salud. Si hay violencia, un arma o no puedes mantener la escena segura, llama también al 133.
- Si está contigo y es seguro quedarte, no la dejes sola mientras llega ayuda. Si está en otro lugar, intenta mantener la llamada o los mensajes y pide a alguien cercano a ella que vaya.
- Aleja medios evidentes solo si puedes hacerlo sin pelear ni ponerte en riesgo: un frasco de medicamentos a la vista, las llaves del auto si no está en condiciones de manejar. No forcejees por un objeto peligroso.
- No prometas que vas a guardar el secreto. La vida pesa más que esa promesa.
Otras líneas que este sitio ya publica para una crisis, y que puedes usar tú o la otra persona si el riesgo no es una emergencia de este minuto pero el malestar es muy alto: Salud Responde, 600 360 7777, y Fono de la Esperanza, 717 200 200. Una hora con un psicólogo particular no sustituye esos números. Quien atiende en consulta no está disponible las 24 horas.
Preguntar directo no planta la idea
Da miedo nombrar el suicidio. La evidencia de salud pública, y la práctica clínica, van al revés del mito: preguntar con claridad no le mete la idea en la cabeza a quien no la tenía. Le abre una puerta a quien ya la está cargando solo. Puedes decir: “te escuché decir que no quieres seguir. ¿Estás pensando en matarte?”. Usa palabras llanas. “¿No harías una locura, cierto?” empuja a negar para tranquilizarte.
Si dice que sí, las siguientes preguntas son prácticas, no un interrogatorio: ¿lo has pensado estos días o es algo que se te cruza y se va? ¿Has pensado cómo? ¿Tienes eso a mano? ¿Has hecho algo hoy para acercarte a hacerlo? Mientras más concreto el plan y más disponible el medio, más urgente es pedir ayuda externa. No necesitas el detalle gráfico. Si empieza a describir un método, puedes decir que no necesitas los pasos y que sí necesitas saber si corre peligro esta noche.
Escucha más de lo que discutes. “Piensa en tu mamá” o “tienes todo para ser feliz” cierra la conversación. Duele, y además no responde a lo que la persona siente en ese minuto, que es no ver salida. Sirve más: “debe ser agotador estar así. Me importa que sigas vivo hoy. Vamos a buscar ayuda juntos”.
Qué decir y qué no decir
- No te burles, no imites el tono ni publiques su mensaje. La humillación aleja el próximo pedido de auxilio.
- No entres en una negociación del tipo “si de verdad me quisieras no dirías eso”. El cariño no se prueba con silencio.
- No ofrezcas plata, un viaje o una reconciliación a cambio de que “retire” lo dicho. El alivio de esa transacción dura poco y enseña que la amenaza es la forma de conseguir algo. Si hay una adicción de por medio, lee con calma la guía sobre cómo ayudar a un familiar con adicción al juego: prestar bajo amenaza no es cuidado.
- Sí puedes quedarte, bajar el ruido, ofrecer agua, ayudar a escribir qué se le va a decir al médico y avisar a otro adulto de confianza si la persona es un adolescente.
Si el comentario fue en redes o en un estado y no responde, no te quedes solo recargando la pantalla. Intenta otro canal, avisa a alguien que viva cerca y, si el mensaje dice que ya lo está haciendo, llama al 131 y entrega la ubicación que tengas. Mejor una visita de más que una noche de “capaz era broma”.
Adolescentes y secreto
Un adolescente puede pedirte que no les cuentes a sus padres. Si hay ideas de suicidio, un plan o autolesiones que se están saliendo de control, no puedes sostener ese secreto tú solo. Puedes decirlo con respeto: “no voy a publicar esto ni usarlo en tu contra, y tampoco voy a dejar que te mueras en silencio. Vamos a decírselo a un adulto que pueda cuidarte”. Si el adulto de la casa es parte del peligro —violencia, abuso—, busca otra vía: un familiar seguro, el colegio, un consultorio o directamente la urgencia. No lo devuelvas a la misma pieza sin un plan.
Las autolesiones, como cortarse o golpearse para bajar una emoción, no son siempre un intento de suicidio, y tampoco son “nada”. Duelen, se pueden infectar y a veces conviven con ideas de muerte. No pidas ver las heridas como prueba, no las castigues y no entres en detalles de cómo lo hace. Sí pide evaluación de salud. La página del sitio sobre autolesiones aporta contexto; una urgencia sigue siendo una urgencia si hay sangrado, un tóxico o un desmayo.
Después del momento agudo
Cuando la noche pasó, el trabajo no terminó. Pregunta al día siguiente cómo durmió y si pudo hablar con alguien de salud. Ofrece compañía para una hora en el consultorio, en un COSAM o con el médico que ya la ve. No la sueltes con un “ya ves que se te pasó”. Muchas personas sienten vergüenza al otro día y se arrepienten de haber hablado. Tu calma —sin sermón— hace más probable que vuelva a avisar.
Ayuda a reducir el acceso a medios en la casa de forma permanente y aburrida: medicamentos bajo llave o en otro domicilio, armas fuera del hogar si las había, acuerdos sobre alcohol. No hace falta convertir la casa en un control policial. Sí hace falta que el medio más peligroso no esté a un brazo de distancia en la próxima crisis. Este principio es de prevención; no es una lista de métodos y no debes pedirle que te explique cómo lo haría para “entender mejor”.
Si tú quedaste temblando, con culpa o sin dormir, eso también es real. No cargues solo la idea de que si parpadeas va a pasar algo. Cuéntale a otro adulto, usa las mismas líneas si las necesitas para ti y suelta el papel de guardián único. Acompañar no es vigilar las 24 horas ni leer todos sus mensajes para siempre. Es estar presente, pedir refuerzos y aceptar que la responsabilidad de la atención clínica es de los equipos de salud, no de tu insomnio.
Si quien lo está pensando eres tú
Esta página también es para ti. Si estás leyendo porque las ideas son tuyas, no tienes que esperar a “merecer” ayuda ni a redactarlo bonito. Llama al 131 si crees que esta noche no estás seguro. Si puedes conversar antes de una urgencia, marca Salud Responde al 600 360 7777 o el Fono de la Esperanza al 717 200 200, o dile a una persona concreta: “estoy mal y no quiero estar solo”. Quitar de en medio lo que usarías y quedarte con alguien son dos pasos válidos mientras llega ayuda. No eres una carga por decirlo. Eres una persona en un momento en que el cerebro te está mostrando una salida falsa. Hay otras, y no las tienes que encontrar sin compañía.